El 28 de marzo, la Fundación Bariloche celebra 63 años de trayectoria, consolidándose como una institución de referencia en América Latina en investigación aplicada, formación y asesoramiento técnico en temas estratégicos para el desarrollo.
Este aniversario adquiere un significado especial al cumplirse 50 años del Modelo Mundial Latinoamericano o “Modelo Bariloche”, desarrollado entre 1972 y 1975 bajo la conducción de Amílcar Herrera, uno de los hitos más relevantes en la historia de la institución y de la producción científica latinoamericana.
El Modelo Bariloche fue concebido como una respuesta crítica al informe Los límites del crecimiento, publicado en 1972 por el Massachusetts Institute of Technology (MIT). Frente a una mirada centrada en las restricciones físicas del crecimiento, el equipo de Fundación Bariloche propuso un enfoque alternativo que ponía en el centro las condiciones sociales, la desigualdad y el desarrollo humano.

El modelo planteaba que los principales problemas globales no derivaban únicamente de la escasez de recursos, sino de su distribución, y que era posible construir escenarios de desarrollo más equitativos si se modificaban las condiciones estructurales de desigualdad.

Sus resultados fueron presentados en diversos ámbitos académicos internacionales y, posteriormente, publicados en la revista Nueva Sociedad, donde alcanzaron amplia difusión y reconocimiento.
La Fundación Bariloche fue creada en 1963 en San Carlos de Bariloche, bajo el impulso del Dr. Carlos Mallmann, su primer presidente. Desde sus inicios, se destacó por un enfoque innovador que articuló ciencia, cultura y desarrollo.

Entre sus primeros hitos se encuentran la creación de la Camerata Bariloche en 1967, dirigida por Alberto Lysy; la realización en 1969 del primer Curso Latinoamericano de Postgrado en Economía y Planificación Energética, que formó profesionales de toda la región; y la incorporación en 1970 de la primera computadora en la ciudad.
A lo largo de su trayectoria, la Fundación consolidó líneas de trabajo en energía, ambiente y desarrollo, con aportes pioneros en planificación energética, energías renovables y políticas. públicas, en articulación con organismos internacionales como el PNUD, CEPAL, UNESCO y redes globales especializadas.
En 1988, la institución recibió el Premio Konex, que la distinguió como una de las organizaciones científicas más relevantes del país.
En 2007, integrantes de la Fundación formaron parte del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), organismo distinguido con el Premio Nobel de la Paz, en reconocimiento a su contribución al conocimiento sobre el cambio climático.
Tras más de dos décadas de funcionamiento en el centro de la ciudad de San Carlos de Bariloche, en 1999 la Fundación trasladó su sede al Centro Atómico Bariloche, fortaleciendo su integración al sistema científico-tecnológico. En ese marco, la Biblioteca Carlos E. Suárez pasó a integrarse a la Biblioteca Leo Falicov del CAB–Instituto Balseiro.
Desde 2011, la Fundación Bariloche es Unidad Asociada del CONICET, reconocimiento a su relevancia dentro del sistema nacional de ciencia y tecnología.
La formación de recursos humanos ha sido un eje central de su trabajo, desde los cursos regionales de posgrado hasta la Maestría en Economía y Política Energética y Ambiental (MEPEA) y la Carrera de Especialización en Economía y Gestión de los Recursos Energéticos (EEGRE), ambas desarrolladas junto a la Universidad Nacional del Comahue.
Hoy, la Fundación Bariloche renueva su compromiso con la producción de conocimiento orientado al interés público, en un contexto de crecientes desafíos energéticos, ambientales y sociales.

En este camino, resulta central el aporte de las nuevas generaciones de investigadoras, investigadores y equipos técnicos, que continúan proyectando el trabajo institucional, integrando nuevas agendas, enfoques y herramientas.